6 Errores que cometí al frente de mi consultora - Rhetoriké

6 Errores que cometí al frente de mi consultora

Esta es la nota más personal que escribí hasta el momento. La idea se me ocurrió cuando estaba haciendo el balance del 2018 y me dije: “todos los años hago una revisión de las cosas buenas, malas y las lecciones aprendidas; creo que llegó la hora de hacer un balance general de estos casi 9 años al frente de la consultora”.

Y lo que descubrí fue realmente increíble. Más allá del crecimiento de estos años, las personas que conocí en este viaje o las miles de anécdotas.

Estos son los 6 errores que cometí al frente de la consultora:

1 – No delegar a tiempo: Los primeros años fueron de jornadas extenuantes de trabajo. Casi todas las horas de actividad las pasaba realizando trabajo operativo para los clientes: cargar datos, retocar webs redactar notas, armar posteos, armar mailings, etc.

Resultado: No me daba cuenta que yo era mi propio techo. Mi límite eran las horas que podía trabajar, y nadie iba a pagar un valor agregado por el trabajo operativo. Así, me era imposible dedicarme a buscar más clientes, nuevos proyectos, analizar tendencias de mercado, o cientos de otras tareas que eran estratégicas para mi negocio.

Mi principal excusa era que no me alcanzaba la plata para contratar a alguien. Hasta que un día decidí contratar para un proyecto a una amiga que trabajara de forma freelance y descubrí todas las cosas que podía hacer por mi negocio en el tiempo que no estaba trabajando para otros.

2 – No promocionarme: si bien teníamos campañas online en marcha, las hacíamos más que nada para probar y analizar alternativas que potenciaran los resultados para los clientes. Las campañas publicitaria de Rhetoriké servían más para hacer mediciones que para difundir nuestros servicios. Además nos llegaba bastante trabajo con el “Boca a Boca” y eso me parecía más que suficiente.

Resultado: Las ventas variaban con picos de demanda, pasábamos de trabajar 16 horas al día a no tener proyectos a la vista. Teníamos la necesidad de: “agarrar cualquier trabajo” para cubrir los gastos.

Así decidí contratar a una persona externa, especialista en lo suyo, totalmente objetiva para que realizara las campañas publicitarias y se hiciera cargo de la promoción de la consultora. Y las consultas empezaron a llover. Ahora recibimos proyectos que nos encantan y tenemos todo el trabajo diagramado, evitando picos de demanda.

3 – No invertir: como muchos emprendedores y empresarios micro, buscaba siempre las herramientas FREE o la versión gratuita para realizar mi trabajo, ¿sistema de gestión? ¡mejor excel!.

Resultado: Dedicaba valiosas horas a tareas que hubiese podido solucionar con unos pocos clics. Ni hablar de la cantidad de trabajo que podría automatizar.

Evaluando el desarrollo de estos años, me doy cuenta cuanto: tiempo, esfuerzo y a la larga dinero, hubiese ahorrado invirtiendo en mi negocio. ¿Perder horas buscando fotos en bancos de imágenes gratuitos? Eso nunca más.

4 – No diagramar los procesos: para mí esto era lo menos necesario del mundo, yo tenía todo “en la cabeza” y sabía como se hacía cada cosa.

Resultado: Cuando formé mi equipo de trabajo se generaron muchos problemas y malos entendidos que por supuesto se notaron, y repercutieron, ante los clientes.

Lo que hicimos fue diagramar el paso a paso del servicio con los distintos miembros del equipo, así todos sabemos en qué etapa está un proyecto y qué debe hacerse a continuación. Además todo el tiempo evaluamos cómo mejorar y optimizar los procesos.

5 – No hacer un presupuesto anual: gracias que llevaba la contabilidad mensual y ¿querían que además realizara un plan a futuro? ni hablar. Se pagaba y se cobraba de acuerdo a cómo se iba presentando la ocasión.

Resultado: contablemente estábamos muy bien pero teníamos un serio problema financiero. Se acumulaban pagos en fechas clave del año, había grandes retrasos en los cobros, etc.

Realizar el presupuesto anual me permitió entender la parte financiera de mi empresa, saber cuando invertir y cuando esperar porque se aproximan muchos vencimientos, realizar mejores negociaciones de pagos, etc.

6 – Tener miedo a cobrar por mis servicios: cada presupuesto que hacía me parecía que el número final era muy grande, que tenía que adecuarme a lo que cobraba “la competencia” o “el mercado” sin tener en cuenta cuál era la realidad de ellos para fijar sus honorarios; así, con la excusa de que al cliente iba a parecerle caro, bajaba el precio a uno con el que me sintiera más cómoda.

Resultado: muchísimo trabajo por muy poca plata, en proyectos que no me motivaban y con clientes que no valoraban mi trabajo; así abandonaban proyectos o tardaban semanas en responder un mail.

Con ayuda de excelentes asesores, pude darme cuenta que sólo era mi temor lo que me impedía cobrar por mis servicios; comencé a trabajar tanto internamente como en el pricing de los honorarios. Ahora  tanto los pequeños como los grandes clientes pueden ver el beneficio que aportamos a sus empresas y valoran el trabajo que realizamos.

¿Te animás a contarnos cuáles fueron los errores que cometiste en tu negocio y cómo los solucionaste?

 

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